—Te traje flores- digo en voz alta apenas encuentro tu nombre entre tantos.
—Me las regalaron por el día de la mujer- me acerco para poner las rosas en el piso, con lágrimas en los ojos que aún no se derraman− fue el peor día de la mujer.
Me siento en el piso al lado de tu nombre, no quiero verlo. Para mí siempre serás mi niña y ver tu nombre en esa piedra fría es un puñal. Así que prefiero hablarte como si estuvieras a mi lado aunque no sienta tu calor.
—Tus amigas fueron a la marcha con un cartel que decía tu nombre— las palabras brotan de mí sin parar, tengo mucho que decirte, tengo mucha rabia− sé que siempre quisieron ir. Pensé que era demasiado peligroso y que si algo te pasara pues no me lo perdonaría.
Me rio entre dientes. Reír y llorar. Lados de la misma moneda.
—Me confundí de dónde venía el peligro. Tus amigas fueron por ti, no les pasó nada, solo se quedaron sin voz de tanto gritar por justicia.
Seguro ya sabes que él se voló, pero no te lo voy a decir en voz alta. Cuando te encontramos en el río tuve la esperanza de que resolverían tu caso, de que ese hijueputa se iba a pudrir en la cárcel. Y se voló. La esperanza que me queda es para tu hermanita, que no le pase lo mismo que a ti, aunque no sé si mis esfuerzos valgan de algo.
—Ayer terminamos el libro. Feminista por accidente. A tu hermana le encantó. Quiere comprar otro. Me va a tocar gastarme los ahorros de tu universidad en libros.
3 semestres. Lo que te faltaba.
—Un secreto entre nosotras, porque si lo digo me linchan. Creo que soy feminista. Si eso te hubiera salvado lo hubiera sido desde hace mucho tiempo. Pero sé que ni eso te hubiera salvado a ti ni salvará a tu hermana. Le servirán mucho esos discursos bonitos donde el poder no nos mata. Pero que susto donde lo diga en voz alta. De pronto le cortan la garganta.
Las lágrimas ruedan por mis mejillas, de la impotencia. Trate de evitar que lo que me paso a mi te pasara a ti, pero te paso algo peor, te mataron. ¿Ahora que le seguirá a tu hermana?
—Te hubiera gustado el libro. Habla en una parte de lo que siempre me dijiste, el falso matriarcado. Saco el libro ya doblado y lleno de anotaciones.
—“Infinitas mujeres latinoamericanas venimos de familias en las que el destino colectivo se sostiene sobre el sacrificio de las buenas mujeres. Pues fueron ellas, y su capacidad para tolerarlo todo, las que se aseguraron de que nuestras familias permanecieran unidas" — leo en voz alta una de las frases marcadas— me acordé mucho de tu abuela, ella era así. Dándolo todo, tomando incluso las decisiones cruciales, pero siempre dándole el pedazo de carne más grande a tu abuelo y de primero.
—Yo nunca me atreví a cuestionar nada, pero tú si, mi niña— me pierdo en mis pensamientos, de la infancia tuya y de la mía, pero vuelvo al presente para seguir leyéndote— tiene muchos capítulos interesantes. Está el del mito de la feminista histérica, así me siento, también está calladita no nos vemos, sé que ese hubiera sido tu favorito, en otro capítulo sale tu nombre, Fernanda, aunque no sea tu historia. También hay otro que se llama el patriarcado mata.
Vomito palabras para llenar la ausencia de tu voz.
—En ese hay muchas cifras, sé que las hubieras usado para tus discusiones. Hay una frase que me dio paz “La violencia patriarcal es un asunto de poder” fue como poner en palabras mi existencia. Mi madre nunca tuvo poder, y yo tampoco, ni siquiera pude salvarte. Nunca he sido muy reflexiva, pero este libro nos puso a pensar a tu hermana y a mí. ¿Cómo podemos saber que es el poder si nunca lo hemos tenido, si siempre la historia se ha contado desde el lado de los hombres y durante siglos solo conocimos el lado dominado? ¿Cómo confiamos en la historia si nos falta la mitad? serían las preguntas que no me dejan dormir por la noche — eso y lo mucho que te extraño.
—Tu hermana me preguntó, mientras leíamos, si alguna vez te habías sentido con vergüenza y merecedora de ese maltrato. Se me partió el corazón. Sé que siempre fuiste honesta conmigo y me contaste el miedo y esa vergüenza que sentías, pero nunca se me ocurrió pensar que podrías sentirte culpable por no correr— Me volteo para ver tu nombre, ya que no puedo ver tu cara—¿Te sentiste así mi niña?
Me contesta el silencio.
— “El odio a uno mismo conduce a la necesidad de dominar o ser dominado” otra frase del libro. Espero que en esta encuentres un poquito de consuelo. Sé que no elegiste el papel de dominada, sé que te toco, fuera por odio o desconocimiento. Yo me di cuenta que estoy ahí cuando termine el libro. Pero nunca pensé que el odio fuera tan grande para matarte—
Te has convertido en una cifra más para las discusiones, ya haces parte de la mayoría de mujeres que se han convertido en otro feminicidio más. No lo digo en voz alta, todavía no. Algún día lo haré, cuando encuentren otro cadáver y me toqué a mí consolar como me consolaron cuando encontré el tuyo. Diré tu número de feminicidio cuando tenga que demostrar que te mato el poder encarnado en hombre y no tus decisiones. Referencia Gómez-Upegui, S. (2021). Feminista por accidente. Planeta .
Nota de la autora.
El año pasado escribí este relato como una tarea de clase, y trascendió más allá. Primero tenía que ser un texto argumentativo, con citas. Así llegue al libro "Feminista por accidente", que se convirtió en la inspiración de este escrito.
Al empezar a escribir me di cuenta que un ensayo no transmitiría lo que la narración sí: vida y dolor. Me di cuenta que poner tablas, estadísticas y números no era lo mismo que escribir de flores y nombres, entonces me senté a darle vida a la rabia y el dolor, creando así una historia que lejos está de la ficción; pero sueño que algún día esto se quede en el papel y sea solo una pesadilla del pasado.
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